Una travesía, una tormenta y una luz en el horizonte — y los cuatro pilares que, desde entonces, marcan nuestro rumbo.
La travesía fue dura. «Quien la sigue, la consigue», nos repetíamos para no perder la esperanza, aunque el rumbo se torcía a cada golpe de mar.
Entonces llegó la tormenta. Sacudió el barco de proa a popa y arrebató la brújula al primer oficial, que cayó sobre la cubierta y se rompió el cristal. Ya no había nada que nos guiara.
Nos quedamos paralizados. Y, sin darnos cuenta, estábamos todos abrazados. Fue entonces cuando comprendimos que el RESPETO pesa tanto como saber navegar.
«¡Colegio a la vista!», gritó el más veterano, señalando una luz que parpadeaba en el horizonte: el faro más hermoso que habíamos visto jamás.
Cada uno asumió su tarea con RESPONSABILIDAD, sabiendo que todos éramos necesarios. Y cuando por fin echamos el ancla, lo hicimos en IGUALDAD de condiciones, sin importar quién era el más veterano o quién llevaba menos tiempo surcando los mares.
Aprendimos, sobre todo, que la TOLERANCIA nos ayuda a entender que no todos navegamos de la misma manera — pero que todos podemos llegar al mismo puerto.
Desde entonces, cada vez que las cosas se ponen difíciles, nos basta con mirarnos: mientras sigamos juntos, siempre encontraremos el rumbo. Y aunque la brújula se rompa y parezca que hemos perdido el Norte, siempre habrá una luz en el horizonte recordándonos hacia dónde navegar.
Esa luz es EL FARO DEL NORTE.
Cuatro pilares que no se quedan en la metáfora: trabajamos con ellos cada día.
Nos abrazamos cuando todo se tambalea. Se cuida antes de exigir.
Cada tripulante asume su tarea sabiendo que todos son necesarios.
El ancla se echa entre todos, sin importar quién lleva más tiempo a bordo.
No todos navegamos igual, pero todos llegamos al mismo puerto.
Estos cuatro pilares guían el día a día del centro. Conoce más en Proyecto Educativo.